domingo, 12 de febrero de 2017

Segundo Escrito

El Fundamento Teórico de las TIC en Educación como Guía para su Implementación con Significado

Al ser las Tecnologías de la Información y de la Comunicación algo tan ubicuo y cotidiano y debido a su rápida implementación en los procesos educativos durante los últimos años del siglo XX y primeros del siglo XXI, se hizo imperativa la necesidad de recabar que fundamentos teóricos apoyaban esta tendencia que sin duda se avistaba imparable y en constante desarrollo y que en algunos casos escapaba a un uso racional o apropiado. Para tal fin los académicos recurrieron a las fuentes tradicionales denominadas como “teorías históricas de la tecnología educativa” (Anderson, 2010) para luego ir dando forma a lo que se denominan como las “teorías de aprendizaje conscientes de la red” (ibídem). Aparte de lo listado por Anderson se encuentran igualmente la teoría del “aprendizaje invisible” planteada por Cobo y Moravec (2011) y la del “TPCK” de Koehler y Mishra (2006, 2008).

Anderson (2010) intenta desarrollar una clasificación de las teorías dividiéndolas en dos segmentos claramente definidos, el primero correspondiendo a aquellas que aportan unos inicios históricos a lo que se vive hoy en materia de TIC en educación. Estas teorías históricas son básicamente el constructivismo, que es en realidad una filosofía del aprendizaje más que de la enseñanza misma y que tradicionalmente se asocia con figuras pedagógicas como Piaget y Dewey (p. 27). El constructivismo, grosso modo, declara que “los individuos construyen conocimiento que depende de sus entendimientos, trasfondos y proclividades individuales y colectivas” (Anderson, 2010) aunque sus principales críticas, expresadas por Kanuka y Anderson (1999) se derivan del hecho de la dificultad para estimar el grado en el que los individuos tienen entendimientos comunes y de si esos entendimientos se basan en una realidad objetiva y externamente definida (como se cita en Anderson, 2010).

La segunda teoría asociada a las históricas es la denominada Teoría de la Complejidad, que se deriva del estudio de los sistemas vivientes pero que ha permeado diferentes disciplinas desde su incepción, particularmente por el sentido evolucionario que maneja y que se refleja en los procesos pedagógicos con TIC y que tal como explica Anderson, invita a pensar en los ambientes de aprendizaje como entidades propias (2010, p. 29). La teoría de la complejidad es muy cercana al pensamiento sistémico y permite, según Christensen (1997, como se cita en Anderson, 2010), entender los eventos inesperados que surgen al momento de incorporar TIC en sistemas estables.

Por otra parte, se encuentran las teorías que contemplan la existencia de la red; Anderson (2010) sitúa a la Pedagogía de la Cercanía en primer lugar, en la que según Mejias (2005, ibídem) “la interacción en línea, la colaboración, y el aprendizaje no se valoran o devalúan según se comparen con las interacciones de aquellos cercanos”. Frente a esta teoría la principal crítica radica en la necesidad de generar alfabetización digital para docentes y estudiantes para poder desenvolverse en los contextos en línea y presenciales sin traumatismos (Anderson, 2010).

Hase y Kenyon (2000, como se cita en Anderson, 2010) concibieron la segunda teoría de la red, y es denominada Heutagogía, que consiste principalmente en renunciar a la dependencia del docente en los procesos de aprendizaje haciendo énfasis en el aprendizaje autónomo donde el aprendiz es el que maneja el proceso de su propio desarrollo. En la Heutagogía el docente existe, pero asume el rol de facilitador, así como curador de los contenidos (tanto presenciales como en línea) a los que accede el estudiante como parte de su proceso de aprendizaje autónomo. Para ser eficaz, la Heutagogía debe disponer no solamente de la asunción de la disciplina del aprendiz sino también de un correcto desarrollo de herramientas tecnológicas que permitan desarrollar las actividades de aprendizaje propuestas.

La última teoría relacionada por Anderson en la secuencia de la conciencia de la red corresponde a la planteada por Siemens y Downes (2005, 2006) y que se denomina Conectivismo. Siemens (ídem, como se cita en Anderson 2010) establece que “nos derivamos de nuestra competencia para formar conexiones” y que los aprendizajes previos no son más relevantes que la misma capacidad de saber. El Conectivismo dibuja el aprendizaje mismo como un sistema donde se forma redes entre nodos que son personas, máquinas que generan y almacenan información, e incluso los recursos de aprendizaje como tal. No obstante, Downes y Siemens son criticados por combinar la Teoría de la complejidad y el constructivismo y no aportar algo demasiado novedoso a las teorías ya existentes.

Fuera de lo planteado por Anderson, se encuentran las teorías del Aprendizaje Invisible de Cobo y Moravec (2011) y el TPCK de Koehler y Mishra (2006, 2008, como se cita en Valverde, Arroyo y Fernández, 2010), la primera plantea el reto de la educación en el mundo global interconectado actual y la invisibilidad de las competencias no evidentes en entornos formales, la invisibilidad de las TIC, de las compentencias asociadas a las mismas que se invisibilizan y lo que debería invisibilizarse en las prácticas actuales a nivel educativo. La principal crítica personal a este acercamiento corresponde que en si no es una teoría sino un postulado llamado a ser un protoparadigma.

Finalmente, el modelo TPCK, es aquel en el que Koehler y Mishra agrupan los conocimientos interdisciplinares aplicados a la enseñanza con tecnología. Este marco de referencia, que significa Technological Pedagogical Content Knowledge, establece una alta complejidad para la enseñanza con tecnología y que es total responsabilidad del docente el diseño de soluciones creativas para reducir tal complejidad (2006, 2008 como se cita en Valverde et al.). Su principal crítica proviene de Angeli y Valadines (2009, ibídem 2010) establecen que un mejor modelo (que denominan ICT-TPCK) considera los elementos del TPCK y destaca las diversidades de aprendizaje de los alumnos como un sistema cognitivo pleno.

Con el advenimiento de las TIC en educación, es probable que los usuarios educativos no se hayan detenido a pensar en el trasfondo teórico que implica su uso, sin embargo, desde la simplicidad de lo histórico hasta lo complejo de la actualidad, el fundamento de los académicos nos permite tener mayor claridad al momento de incorporar la tecnología en los procesos de enseñanza y aprendizaje, tanto en materia de propósito como de adecuado uso.

Referencias

Anderson, T. (2016). Theories for learning with emerging technologies. Emerging technologies in distance education.

Cobo, C., & Moravec, J. W. (2011). Aprendizaje invisible: Hacia una nueva ecología de la educación. Laboratori de Mitjans Interactius/Publicacions i Edicions de la Universitat de Barcelona.

           Valverde Berrocoso, J., Garrido Arroyo, M. D. C., & Fernández Sánchez, R. (2010). Enseñar y aprender con tecnologías: un modelo teórico para las buenas prácticas educativas con TIC. Teoría de la Educación, 11(1), 26.

viernes, 27 de enero de 2017

Primer Escrito

La educación del futuro presente

Las aulas del siglo XXI se han visto permeadas por las tecnologías de la información y de la comunicación, tal como ha sucedido con otros elementos de la sociedad, como el entretenimiento o la salud, y se trata de un fenómeno imparable que ha transformado nuestras vidas, nuestras percepciones del tiempo y de las prioridades. En esta reflexión sobre dichas transformaciones se pretende dibujar en primera instancia el impacto de las TIC en la democratización de la enseñanza, posteriormente se abordará el potencial que la tecnología aporta a la educación en materia de autonomía del estudiante y finalmente se tratará la cuestión de los retos de la alfabetización digital y de la incorporación de las TIC en ambientes educativos no ideales.

En primer lugar las TIC en su ascenso han permito llevar educación y conocimiento a lugares tradicionalmente apartados o con nivel de desarrollo dispar a la de los centros urbanos tradicionales, tendencia que en realidad se ha venido aprovechando con el surgimiento no solo de los ordenadores y la internet sino desde los primeros días de la radio y la televisión, como se vivió en el contexto colombiano con el bachillerato por radio y el programa Camina (el último desarrollado en los años 80 para reducir el analfabetismo en el país). La democratización de la educación mediante las TIC se ha logrado con el avance abismal entre la tecnología tradicional y las nuevas tecnologías; por ejemplo municipios que no poseen buena infraestructura cableada para telefonía disfrutan de la cercanía de torres de telefonía móvil que permiten acceder al internet inalámbrico.

Esta democratización de la educación mediante el acceso a contenidos de manera autónoma también ha permitido desarrollar ciertos procesos de aprendizajes independientes donde las lecciones corresponden a cursos masivos en línea, redes sociales o vídeos instruccionales en YouTube. Hoy en día, personas con habilidades se dedican a compartir su conocimiento en los medios digitales, permitiendo a personas en lugares recónditos del planeta, acceder a esa información casi que de manera instantánea y, quizás negativamente, sin filtros ni curaduría. No obstante, la sociedad del conocimiento nos ofrece alternativas como Free Basics, la iniciativa de internet gratuita financiada por Mark Zuckerberg, que va de la mano con la intencionalidad de abarcar la mayor población posible a fin de aumentar la audiencia de la publicidad ofrecida por la red social Facebook, que a pesar de su claro interés comercial le permite acceder a  personas en la provincia a servicios como Wikipedia, Weather Channel y otras herramientas útiles y educativas.

No solamente las TIC han permitido que la educación salga de los confines del aula sino que también nos han planteado retos que aún no han sido propiamente abordados, en primera instancia surge la interrogante de como alfabetizar a la población que está accediendo a la tecnología, ya de por si muchas personas asumen que por estar en un medio digital, la información es creíble cuando es evidente que la realidad es otra, por lo que el reto real no es aprender a manejar las herramientas tecnológicas educativas sino aprender a filtrar y analizar lo que se encuentra en la red. Por otra parte, en el contexto tradicional de la educación formal, es innegable que las políticas institucionales y gubernamentales apuntan a una incorporación de tecnología en los procesos de enseñanza y aprendizaje tradicionales, no obstante, el segundo reto en este apartado corresponde a la incorporación efectiva en lugares con entornos no ideales; es decir, plantear estrategias en contextos donde quizás hay conectividad pero insuficiente hardware, o viceversa. La verdadera lucha del educador es aproximarse a las bondades de las TIC promocionadas por las instituciones y el estado en contextos totalmente alejados del ideal de incorporación tecnológica, por lo que emplear sistemas LMS, M-learning o B-learning en lugares donde no se dispone de infraestructura o el personal no está capacitado para manejar estas tendencias pedagógicas es una pérdida de tiempo.

Las TIC en nuestro futuro presente son una realidad inevitable, más aún en el contexto educativo, han permitido escapar de la “tiranía” de la formalidad para convertirse en una opción viable donde no hay alternativas tradicionales de formación, de igual manera han posibilitado el aprendizaje autónomo e infortunadamente irregular de personas que desean acceder a contenidos específicos y disponibles en la red pero aún quedan cuestionas por salvar como la no adecuación completa de los entornos formales de aprendizaje para acoger las TIC y la necesidad de alfabetizar en materia de selección de la información según su calidad. La buena noticia es que en estos procesos nunca se termina de trabajar y siempre habrá espacio para reflexionar y mejorar.